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El Otro Tigre

por Jorge Luis Borges


Pienso en un tigre. La penumbra exalta
La vasta Biblioteca laboriosa
Y parece alejar los anaqueles;
Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo,
Él irá por su selva y su mañana
Y marcará su rastro en la limosa
Margen de un río cuyo nombre ignora
(En su mundo no hay nombres ni pasado
Ni porvenir, sólo un instante cierto.)
Y salvará las bárbaras distancias
Y husmeará en el trenzado laberinto
De los olores el olor del alba
Y el olor deleitable del venado;
Entre las rayas del bambú descifro
Sus rayas y presiento la osatura
Bajo la piel espléndida que vibra.
En vano se interponen los convexos
Mares y los desiertos del planeta;
Desde esta casa de un remoto puerto
De América del Sur, te sigo y sueño,
Oh tigre de las márgenes del Ganges.

Cunde la tarde en mi alma y reflexiono
Que el tigre vocativo de mi verso
Es un tigre de símbolos y sombras,
Una serie de tropos literarios
Y de memorias de la enciclopedia
Y no el tigre fatal, la aciaga joya
Que, bajo el sol o la diversa luna,
Va cumpliendo en Sumatra o en Bengala
Su rutina de amor, de ocio y de muerte.
Al tigre de los símbolos he opuesto
El verdadero, el de caliente sangre,
El que diezma la tribu de los búfalos
Y hoy, 3 de agosto del 59,
Alarga en la pradera una pausada
Sombra, pero ya el hecho de nombrarlo
Y de conjeturar su circunstancia
Lo hace ficción del arte y no criatura
Viviente de las andan por la tierra.

Un tercer tigre buscaremos. Éste
Será como los otros una forma
De mi sueño, un sistema de palabras
Humanas y no el tigre vertebrado
Que, más allá de las mitologías,
Posa la tierra. Bien lo sé, pero algo
Me impone esa aventura indefinida,
Insensata y antigua, y persevero
En buscar por el tiempo de la tarde
El otro tigre, el que no está en el verso. (*)
(*) Jorge Luis Borges, El hacedor, Obras completas, Vll, Buenos Aires, Emecé, pp.202-203.

La perdida del consuelo

(Kant y la postmodernidad)

Por Fermín Fèvre


A pesar de que han transcurrido dos siglos desde que Emmanuel Kant desarrollara en su tercera crítica o “crítica del juicio” la denominada estética de lo sublime, hoy mantiene una vigencia que es necesario destacar.

El fenómeno es curioso ya que esta vigencia pudo sostenerse, también, a lo largo el proceso del arte moderno. Cuando nuevas características han dado paso a otras expectativas, que llamamos postmodernas, la estética de lo sublime sigue igualmente sirviéndonos ante la experiencia del arte. ¿Cómo es posible esto?

Ante todo, convendría más bien, hablar de sentimiento de lo sublime antes que de estética de lo sublime, al tratarse de una vivencia personal, que está en cada uno de nosotros y no de un canon objetivo de belleza o de lo estético.

El sentimiento de lo sublime está en nosotros y el propio Kant así lo expresa. Habría que recordar su gradual y reiterada manera de definir lo sublime. En el Libro Segundo, trata de la Analítica de lo Sublime y del pasaje de lo bello a lo sublime; primero, como facultad de enjuiciamiento.

Nos dice así, en el lenguaje del siglo XVIII, que “coinciden lo bello y lo sublime en que ambos placen por sí mismos”. Y luego, en que ambos no presuponen un juicio e los sentidos ni uno lógico-determinante, sino un juicio e reflexión: por consiguiente, la complacencia no depende de una sensación, como la de lo agradable, ni de un concepto determinado, como la complacencia en lo bueno” …pero, -aclara-, “con todo se la refiere a conceptos, aunque sea indeterminado a cuáles, y, por tanto, ella está ligada a la mera presentación a su facultad, a través de lo cual la facultad de la presentación o imaginación, es considerada a propósito de una intuición dada, en acuerdo con la facultad de los conceptos del entendimiento o de la razón, para beneficio de ésta.”

El propio Kant ya allí habla de lo sublime como un sentimiento. Lo define como un placer que sólo surge indirectamente, “de modo tal que es generado por el sentimiento de un momentáneo impedimento de las fuerzas vitales –dice- y de una tanto más fuerte efusión de esas inmediatamente consecutiva; por tanto, no parece ser la emoción –agrega-, un juego, sino seriedad en el que hacer de la imaginación”.

Así considerado, este sentimiento es, contradictorio y dual. Lo reconoce el propio Kant cuando dice que “desde que el ánimo no es solo atraído por el objeto, sino alternativamente, una y otra vez repelido también, la complacencia en lo sublime contiene menos un placer positivo que una admiración o respeto; esto es, algo que merece ser denominado placer negativo”.

Esto es lo que Jean-Francois Lyotard alude como combinación de placer y de pena.
El placer de que la razón exceda toda presentación y la pena de que la imaginación no esté a la altura del concepto. Una vivencia de lo sublime que todos tenemos ante la obra de arte. Tiene que ver también con lo que ella muestra y con lo que ella oculta. Vale decir lo que es motivo de placer (lo que oculta, pero sabemos que está ahí y existe) y lo que es motivo de pena (lo que muestra, por medio de las formas, que son el consuelo de lo que alude).

Por eso este sentimiento de lo sublime nace del hecho de que la obra alude a lo impresentable; a la ausencia, Kant lo señala al afirmar a su vez, que “llamamos sublime a lo que es absolutamente grande”; vale decir, que excede toda representación, y que es grande por sobre toda comparación.

Como sostiene Lyotard, la obra, hace ver que hay algo que se puede concebir pero que no se puede ver ni hacer ver. Eso impresentable es alegado como contenido ausente y la forma ofrece materia de consuelo y de placer. En realidad el placer es sólo consolador, menor, por cuanto está referido a lo ausente, que es la verdadera fuente de placer…El placer ausente y la pena presente, sólo logran conciliarse bajo el consuelo menor de las formas.

Kant nos va dando distintas definiciones e lo sublime; alejándose cada vez más del objeto motivador de ese sentimiento. Nos dice así; “ha de ser llamado sublime el temple del ánimo debido a una cierta representación que da que hacer a la facultad de juzgar reflexionante, y no el objeto”. De tal modo “excede toda medida de los sentidos”, añade.

También destaca Kant a la idea de infinitud como constitutiva de lo sublime, situándola en una lejanía que tiene ciertas semejanzas con la definición del aura que casi 150 años después Walter Benjamin en “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. Ero a diferencia e Benjamin que sitúa el aura en el objeto, Kant coloca lo sublime en la intimidad de cada uno de nosotros.

“La verdadera sublimidad –dice- sólo tiene que ser buscada en el ánimo del que juzga, no en el objeto natural, cuyo enjuiciamiento da lugar al temple del sujeto”.

Es por esto que estamos ante un sentimiento, Esa es la valoración subjetiva del arte –la única que cuenta-; el hecho personal de la vivencia estética. La sublimidad no está finalmente en ningún objeto sino solamente en nosotros mismos, “en nuestro ánimo” en el lenguaje de Kant.

En su pensamiento, las ideas no tienen presentación posible y todo intento de hacerlas visibles es insuficiente; son, en ese sentido, impresentables. En la relación entre entendimiento e imaginación Kant encuentra, precisamente, el placer estético. En la Primera Crítica afirma que “lo hermoso induce mucho pensamiento, pero sin la posibilidad de que ningún pensamiento definitivo sea adecuado para él”. Sin embargo, en esta relación hay una recíproca excitación. La forma (materia de consuelo) estimula al pensamiento (materia de placer) y recíprocamente éste actúa sobre ella. Del mismo modo Kant sostenía que “las intuiciones sin conceptos son ciegas, y los conceptos sin intuiciones son vacíos”.

El proceso de desmaterialización del objeto artístico a lo largo del arte contemporáneo, que culmina en cierto modo en el arte conceptual, pero que subsiste de muy diversas maneras a partir del postconceptualismo y especialmente en nuestros días pone en evidencia la pérdida del consuelo.

La importancia determinante de la forma desaparece a favor del concepto alegado que, abandona cada vez mas su condición de ausente para hacerse presente, exponiéndose en una mayor evidencia. El objeto, motivo de lo sublime – como quería Kant- es entonces, un objeto mínimo, prácticamente subjetivo.

En ese juego de presencias y de ausencias, de recíprocos estímulos, se produce la pérdida del consuelo. Ya no nos basta quedarnos con el consuelo de las formas. El renunciamiento al objeto, aunque esté presente, su minimización a favor de lo que verdaderamente nos transmite (en última instancia, lo que motiva a lo sublime que está en nosotros) nos lleva a lo que también Kant llamaba la apercepción pura. Lo que identificamos entonces con el arte ya no es algo que situamos o visualizamos en los términos de los objetos sino e un sentimiento personal, subjetivo, que por los más diversos medios perceptivos llega a una resolución en la mente sin posibilidad, empero, de verse traducido en conceptos. En ese ir y venir de mutaciones y de transformaciones de energía se plantean los términos de relación entre los creadores y los receptores en pos de lo sublime.

Con otras características diferentes a las de la modernidad; sin su carga de utopías a cuesta, sin sus pretensiones totalizadoras y apocalípticas, con otra dimensión de lo impresentable, de la ausencia alegada, el arte de la postmodernidad también participa del sentimiento de lo sublime.

La sublimidad esta en cada uno de nosotros y el arte es una de las vías de ponerla en descubierto. Otra es el amor.

Fermín Fèvre

Archivos del corazón

Christian Boltanski. Signatures
1.300 corazones para una obra de arte
La pieza «Les archives du coeur», que se expone en el museo Es Baluard, cuenta con grabaciones de latidos que serán almacenados en una isla deshabitada de Japón

http://www.artecontexto.com/es/blog/christian_boltanski_signatures.html#mas
http://www.esbaluard.org/es/exposicions/76/christian-boltanski
http://www.diariodelviajero.com/museos/graba-los-latidos-de-tu-corazon-y-puebla-con-ellos-una-isla-desierta-japonesa
Archives du coeur (Archivos del corazón) es un proyecto universal de Christian Boltanski que, desde 2005, reúne una colección de latidos del corazón grabados en diversos lugares del mundo. Evoca la memoria de una fuerza vital humana que, en una interacción entre multitud e individuo, permanece y se transmite más allá de la muerte. Han sido presentados en centros artísticos como el Palais de Tokio (Paris) y la Serpentine Gallery (Londres), siendo albergados en Teshima (Japón).
Signatures, la instalación sonora realizada por Boltanski para el Aljub, en Es Baluard, configura, en el proyecto de los Archivos, un monumento inmaterial a la ausencia de quienes golpe a golpe trabajaron en sus piedras, cuerpos borrados ya por una muerte anónima. Nada queda –en la estética de un barroco hipermoderno perviviendo en las transparencias y radiaciones de la tecnología, en la fugacidad sublime de las cosas efímeras–, excepto los signos cuyos significados son, como la memoria, difusos, ininteligibles. Inscripciones de un alfabeto críptico, referido al salario y la cuantía del trabajo-sudor, del esfuerzo continuo: Marx golpea y late, también, ineludible, en esta mano esclava o casi esclava, en los niños trabajando en las canteras de extracción de piedra, en los prisioneros de la Inquisición, en los músculos transportando carga, en los maestros canteros. Pues todo monumento se yergue sobre la muerte de otros, sobre el precio/signo de vida humana, mercancía: a veces, nada.


Boltanski transmite mitos: el flujo de lo incesante, de un son imparable, insistentemente repetido. El tiempo. Registra la ingravidez freudiana de “lo mismo” en la materia del aire, del neón, en el olor acre de la niebla. Archiva lo imposible: lo espectral del espectáculo a que se refería Barthès. Ritualiza el retorno insistente de la muerte en un simulacro de cables, altavoces, máquinas y luces. En materiales banales, cotidianos. En el espacio abovedado del Aljub retumban atronadores los ritmos de los corazones, golpes monótonos picando, colocando piedras. Son los trabajadores re/construyendo un mundo desaparecido. Las ruinas de hoy, convertidas en museo, albergan el retorno de unos muertos que no se fueron nunca y confrontan a espectadores y turistas a la mirada estupefacta de lo incomprensible: la muerte, siempre.
Pues, ¿qué se revela aquí, sino el acto creativo que recorre las piedras y los signos, percibe la mudez de lo irreconocible y el sonido atronador de la multitud de corazones y martillos, sigue los trayectos de los cables, se pierde en la neblina blanca del vapor y en el neón espectral de los signos como en una memoria borrosa, en una escritura extraña? El sentido, para Boltanski, no es opaco; tampoco nítido. Está asociado por conexiones sinérgicas, rumores, ambigüedades, cuerpos inmateriales, energías, iluminaciones y penumbras. Por la ausencia de forma. El sentido –cuando aflora– no es literalmente transmitido. Al contrario que en el estructuralismo y en la estética del Wiener Kreis, donde el sentido no ha de ser descubierto sino que se produce, en Boltanski –más cerca del devenir bergsoniano del tiempo, del «rostro de arena» de Foucault y de una topología de las superficies de Deleuze– el sentido aparece en una interacción de cadenas de significantes inmateriales que iluminan lo incomprensible.


Vértigo de la muerte infinita, del azar absurdo y de un destino sublime que ridiculiza la supremacía de lo inmediato, la nimiedad del objeto, la hiperexpresividad del cuerpo y la apariencia, el culto a las reliquias. Pues para Boltanski, el arte no es decorativo: transmite cuestiones existenciales. No es el acontecimiento lo que cuenta, dice, sino la condición humana.
La obra en proceso "Les archives du coeur" ha contado con la participación en España de más de 1.300 personas que, desde que se instaló en el museo de arte moderno y contemporáneo Es Baluard en julio pasado, han grabado los latidos de sus corazones para ser almacenados en una isla deshabitada de Japón.
Estos 1.300 latidos registrados en Baleares se suman a los más de 47.000 con que contaba la obra de Christian Boltanski antes de su instalación en el museo palmesano, según ha informado Es Baluard en un comunicado.
"Les archives du coeur" (Los archivos del corazón) fue incorporada en Es Baluard gracias a la colaboración de la Kewenig Gallery y con motivo de la exposición "Christian Boltanski. Signatures.La muestra invita a los visitantes agrabar los latidos de su corazón para que pasen a ser archivados y expuestos de manera permanente en Teshima, una isla deshabitada de Japón que forma parte de Benessere Arte Site Naoshima.


Las grabaciones se llevan a cabo en una cabina con el apoyo de un asistente de Es Baluard. Además, por 3 euros, los participantes que lo deseen se pueden llevar un CD con la grabación. La obra en proceso guarda cierta relación con "Signatures", en la que los latidos del corazón tienen un papel primordial. En la instalación ubicada en el aljibe del Baluard se oyen latidos con una secuencia rítmica que emula los golpes de martillo con que los obreros marcaron el siglo XVII las piedras de dicho recinto y de todo el baluarte de San Pedro donde se ubica.
Pruebas de la existencia humana


Tal y como declaró el artista durante la rueda de prensa de presentación de "Signatures", los latidos "son el sonido del martillo sobre la piedra y representan a los seres humanos y su trabajo". Del mismo modo, la grabación de los latidos en "Les archives du coeur" supone una continuación de la dedicación del artista a elementos como la muerte, la memoria, la desaparición y la pérdida. Al coleccionar pruebas de la existencia humana, éstas quedan inmortalizadas, según el artista.
Es la primera vez que "Les archives de coeur" se expone en España. Recientemente, se ha mostrado en Maison Rouge (París, 2008), Magasin 3 (Estocolmo, 2008), In Situ (Berlín, 2008-2009), en Monumenta - Grand Palais (París, 2010), Musée d'Art Contemporain du Valle del Marne (Vitry-sur-Seine, 2010), Serpentine Gallery (Londres, 2010), Kunstmuseum Liechtenstein (Liechtenstein, 2009), MONA (Tasmania, 2010), Hangar Bicocca (Milán, 2010), Center for Contemporary Art Ujazdowski Castle (Varsovia, 2010-2011).

La vida es más conmovedora que el arte

Christian Boltanski
La UNTREF presento en el marco de las actividades del MUNTREF y de la Maestría en Curaduría en Artes Visuales: Diálogo con Christian Boltanski a cargo de Diana B. Wechsler. El encuentro se realizo el jueves 10 de noviembre en la Sede Centro Cultural Borges. Bs As.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/6-23440-2011-11-08.html

Reflexiones de Christian Boltanski


“Cada uno es único y al mismo tiempo el olvido viene muy rápido...¿Cómo alguien que es alguien, que tiene una pequeña historia, puede desaparecer al morir? Cuando uno no es creyente, desaparece totalmente. ¿Cómo alguien que es a la vez único puede desaparecer? Son preguntas que me hago”.


“Me interesa el individuo y el objeto que remite a un sujeto ausente, donde hubo un individuo”


“Sentimiento de ausencia más que de presencia, pero en presencia......la muerte reforzada en presencia de un objeto que al recordar refuerza esa ausencia”


“No se puede luchar contra la desaparición, tarea imposible, fracasé, pero sigo trabajando, soy muy tenaz.”


“Soy un artista extremadamente tradicional, soy renacentista pero empleo el lenguaje de mi tiempo”
“Lo que trato de hacer con mi trabajo es plantear preguntas, hablar de cosas filosóficas, no por historias a través de palabras sino por historias a través de imágenes visuales. Hablo de cosas efectivamente muy simples, comunes a todos. No hablo de cosas complicadas.”


“El arte no cambia la vida, no hay que esperar mucho del arte”


“Creo en el azar, los no religiosos creemos en el azar de la muerte, del nacimiento…mi madre podría haber hecho un aborto y yo no estar aquí … podría no haber nacido, podría estar muerto. Uno llega por azar es como si estuviéramos en un campo minado. Todo lo que soy se vincula con el azar de la creación.”


“Construir lo que es parte de uno mismo, me interesa el funcionamiento de mis obras, mis obras se construyen y se destruyen… La imprecisión que un sombrero puede ser un camello a la vez, siempre Imprecisión…El artista dice quien es, que es y cada uno reconstruye lo que quiera ver.”



“Mis obras se practican como en la música, las obras ya no existen, es lo mismo y es otro, reinterpreto mi obra. Escribo una partitura, la practico, y es única irrepetible, siempre diferente. Además la pueden ejecutar otros, cuando yo no este. Es diferente e igual a la que yo concebí, no existe en forma material no habrá nada entre sus manos, es una nueva interpretación.”


"El artista tiene pocas ideas, se repiten un y otra vez cambiando el perfil.
Si he tenido tres, he tenido suerte! Siempre miramos las mismas ideas desde otra perspectiva
La representación no es negativa, en arte hay que esperar para hacernos una pregunta. Es como ser místicos, estar frente a un muro, y ocuparse de esperar, no hacer nada. Hay que tener mucha valentía para hacerlo así. También esperanza, y esperar que algún día nos hagamos una pregunta, la pregunta, optimista porque todo sigue andando.”


“Nuestra sociedad no habla de la muerte, es como un rechazo, es una obligación mantenernos jóvenes….hay que aceptar la muerte como parte de la vida”
“Me gusta la vida, no la muerte hay que aceptar las leyes de la naturaleza. La vida es más conmovedora que el arte”



“Es dar por un instante una emoción a alguien "algo que ocurrió”, siento que ocurrió.”


“El objeto perdido esta a la espera en suspenso (llaves, ropa usada, dejada)
Esperan volver a ser usadas, queridas. Mirada que da vida en un lugar inhabitual.”


“Artista es el que hace preguntas y provoca emociones. Lo que pretendo es que la gente se fije en unas señales y que eso le sirva para hacerse preguntas sobre la vida, la desaparición, sobre ellos mismos... De hecho, los proyectos de Japón y Tasmania, lo interesante no es tanto ir al sitio en cuestión, sino saber que las obras existen. Vaya si quiere, pero lo importante, más que esa realidad, es el mito al que se refieren. Hace un año que la casa se abrió en Japón, y muchos ni siquiera saben que es una obra de arte. La historia de Tasmania, que es real, es casi como un cuento. Y espero que así siga siendo. Pero si no fuera real, no me interesaría.”